Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

desoxidotiposmoviles.JPG

Leer.

leyentecinzano.JPG

Ver

El nuevo paradigma en Bdig

tiposmoviles — 18-02-2009 GTM 1 @ 10:20 Tags:

paradigmabdig.JPG

Leer reseña.

Artículo de Esteban hernández.

EL NUEVO PARADIGMA DEL SECTOR DEL LIBRO

Manuel Gil &Fco. Javier Jiménez

Trama Editorial. 166 páginas.

LA SABIDURÍA DEL EDITOR

Hubert Nyssen

Trama Editorial. 79 páginas.

Uno de los grandes méritos de los títulos con que la colección Tipos Móviles inicia su andadura es que logra captar a la perfección las dos perspectivas  predominantes en los análisis contemporáneos de las industrias culturales. Si bien ambas coinciden en que estamos ante un cambio de modelo, en que llega un mundo en el que las certezas del pasado resultan inútiles, se diferencian en la valoración que conceden a las novedades y la dirección que proponen para el futuro: así, la primera de las tendencias asiste a esos cambios con sensación de derrota, como si los tiempos soplaran contra las bases del oficio, como si estuvieran llevándose por delante aquello que daba sentido a la actividad editora. La segunda mira el proceso preocupada ante todo por las resistencias, entendiendo que los hábitos arraigados y la lentitud a la hora de reaccionar son los mayores obstáculos para que los nuevos tiempos se desplieguen en toda su efectividad. 

1. La sabiduría del editor, el texto de Hubert Nyssen, fundador del prestigioso sello francés Actes Sud, añade a la primera tendencia reflexiones penetrantes y tono crepuscular, subrayando que hablar hoy de la edición es constatar su extravío. Lo que pretende Nyssen, con una prosa ajustada que sintetiza la experiencia de una vida, no es otra cosa que definir las reglas de su oficio.  En síntesis, el editor:

a. Ayuda al autor a ser sí mismo. Debe construir, a través de sugerencias y preguntas, una suerte de espejo en el que el escritor pueda reflejar su realidad; debe forjar una relación dialéctica a través de la cual el autor sea capaz de “medir la distancia entre lo que cree haber escrito y lo que en realidad escribió, entre sus ambiciones y sus realizaciones” (p.14).

b. Construye relaciones, que sin él difícilmente tendrían lugar, entre el escritor y el autor. El editor es ante todo, un descubridor, siendo esta actividad la principal manifestación de su autoridad (p.21). El editor, para ser tal, no puede limitarse a aprovechar al máximo aquello que le es puesto en las manos; ha de indagar, preguntar y escarbar para después llevar al lector lo hallado. En esa tarea es donde debe mostrar su sabiduría, que no consiste en otra cosa que “adivinar que un texto de menos de cien páginas…puede ser el punto de emergencia de una obra considerable”. 24

c. Establece una relación de complicidad con quienes recorren el mismo camino, participando en la misma conspiración en la que andan sumidos algunos escritores y la mayoría de los lectores, y cuyo fin último consistiría en reivindicar, “frente a los abusos de la precipitación y del poder…. la riqueza de la lentitud y de la inteligencia” (p. 41). La actividad literaria tiene sentido en la medida en que unos y otros encuentran en los libros respuestas a preguntas sobre la existencia (p. 58). Por eso, los descubrimientos del editor que merecen el nombre de tales son aquellos que nos ofrecen nuevas miradas y nuevas contestaciones a una serie de cuestiones siempre latentes.

d. El editor es fundamentalmente, alguien obstinado. Y ese empecinamiento, puesto al servicio de una tarea de resistencia “frente al totalitarismo económico” (p. 52), tiene como objetivo conseguir que se escriban y lleguen al lector esas obras que contienen nanosustancias que, un día u otro, germinarán y darán forma a las emociones y a los pensamientos del ser humano. Eso es la literatura, y la tarea del editor es defenderla.

Este conjunto de acciones, sin embargo, conforma una acepción de editor que no es la predominante. El mundo que Nyssen describe, el contemporáneo, prefiere moverse con otras reglas: así, los autores escriben lo que se esperan que escriban (p.40); y los editores se someten gustosamente a “las leyes amañadas de los índices de audiencia” (p. 41), se comportan servilmente con sus autores de éxito y actúan  de puertas afuera como vulgares publicistas (p. 41). A ese huracán Nyssen sólo puede oponer, con notable prosa,  la convicción de que el viento está soplando en dirección equivocada.

2. El enfrentamiento descrito por Nyssen es justamente la clase de enfoque que  rechazan Manuel Gil y Francisco J. Jiménez, en El nuevo paradigma del sector del libro, un texto que representa fielmente la segunda de las tendencias actuales. Para los autores, los nuevos tiempos han de combatir multitud de resistencias, habitualmente encarnadas en las editoriales tradicionales -“el último dinosaurio en un mundo de cambio acelerado” (.p. 77)-, y las ideas residuales que en ellas todavía dominan. Y una de las más extendidas es esa creencia en que el nuevo suelo trae consecuencias esencialmente negativas.

Para perfilar mejor el futuro, Gil y Jiménez documentan las transformaciones que están aconteciendo en la edición a partir de propósitos pragmáticos; no pretenden reformular el espíritu del oficio sino administrar bien las opciones de las que disponen como parte de las empresas editoriales; no pretenden perfilar los principios generales de la profesión sino encontrar los caminos más beneficiosos. Y, para ese propósito, estas peleas de “mercaderes contra cultos” (p. 9), les resultan irrelevantes, una forma de pensar “maniquea y tendenciosa” (p. 9) que representa a la perfección las zanjas de las que el sector no sabe salir.

Frente a esa perspectiva obsoleta, El nuevo paradigma opta por hacer un repaso de las tendencias que están cambiando la sociedad, de sus expresiones concretas en el mundo del libro y,  en especial, de cómo todas ellas están configurando otro terreno de juego para la edición española, siendo su objetivo esencial definir qué acciones y qué estrategias pueden desarrollarse para aprovechar las oportunidades del nuevo mundo.

Sus propuestas, además, resultan plenamente actuales, en tanto están tejidas con los análisis y las convicciones que circulan por el entorno empresarial contemporáneo. Aparecen por aquí, pues, la fragmentación del mercado, la rapidez de los procesos, la centralización, la hiperespecialización y el homo consumens; los nuevos modelos de negocio que trae la red; la necesidad de buscar al público objetivo y de encontrar los cauces comunicativos adecuados; y todo ello, claro está, al servicio del fin último, el crecimiento.

En ese sentido, el libro cumple perfectamente su cometido, en tanto pone de manifiesto la limitada validez de los instrumentos del pasado y formula algunas preguntas pertinentes acerca de conceptos que no suelen ser puestos en cuestión (¿De verdad hay editores independientes? ¿Quiénes son? ¿El precio fijo cumple la función para la que fue creado?). Pero, sobre todo, el texto es útil en la medida en que lanza abundantes propuestas a partir de las cuales comenzar el debate.

El punto débil del libro reside también en la perspectiva que escoge: si bien esa cercanía con el mundo de la sociología y del  marketing posibilita pensar algunas estrategias, también les conduce en ocasiones por caminos equivocados, al pretender trasladar de forma mecánica al sector del libro algunos de los lugares comunes de la teoría actual. Así, bien puede decirse que uno de los mayores problemas del texto es que sus autores han leído demasiado a Lipovetsky y a Rushkoff, echando mano de descripciones de los tiempos más ajustadas a la ideología empresarial que a la realidad cotidiana. Se ve especialmente en la creencia en la efectividad de ficciones como el homo consumens, cuya capacidad de dar cuenta de los hechos es tan escasa como la de su predecesor, el homo oeconomicus. Dicho de otro modo, Gil y Jiménez, que pretendían ofrecer un análisis pragmático y realista de la edición, también caen en ese enfoque ideológico que querían criticar. Así,  algunas de las convicciones desde las que activan sus propuestas son útiles como material de entretenimiento sociológico, pero apenas responden a esa realidad que pretenden reflejar.

3. No obstante, examinar ambos libros como si representasen posiciones totalmente opuestas es equivocar la perspectiva. En primer lugar, porque cada uno de ellos subraya algo que le falta a la otra parte. Así, el texto de Gil y Jiménez nos señala insistentemente una urgencia: la tarea de poner en pie nuevos instrumentos en el sector es inaplazable, ya que se están dando transformaciones reales que amenazan la supervivencia de muchos de sus operadores. Éstos, además, no se toman en serio la magnitud de los cambios, creyendo que su habitual mezcla de lamentos públicos y formas de actuar tradicionales les volverá a sacar del problema. En ese sentido, El nuevo paradigma…  puede servir a la perfección para ayudar a que quienes llevan las de perder en los nuevos tiempos tomen conciencia de dónde están y de cuáles son sus opciones, y puedan así inventar nuevos instrumentos.

Por su parte, el texto de Nyssen es útil en la medida en que nos recuerda que la edición, sin su espíritu, resulta socialmente irrelevante. Porque ¿para qué queremos que el sector crezca si lo hace a través de los best seller vendidos en los hipermercados? Sin duda, se tratará de un planteamiento importante para determinados editores, aquellos que están en disposición de colocar ventajosamente su producto en tales contenedores; al resto del sector, que nunca tendrá esa oportunidad, le resulta un enfoque del todo prescindible. Y más aún al lector, ya que una perspectiva que trate al libro como simple objeto de ocio, coloca a la lectura muy por debajo en su lista de prioridades. Con ese enfoque, que el sector del libro se desarrolle adecuadamente o no le resulta al lector tan trascendental como los problemas de los fabricantes de yogures de fresa.

Por eso, el movimiento más interesante probablemente consista en cruzar ambos textos, lo que nos permitiría pensar estrategias para que aquellos libros que promueven la reflexión, que fomentan la inteligencia y que nos resultan vitalmente importantes puedan incrementar su presencia en nuestras bibliotecas.

Hicimos un pequeño avance cuando recibimos los primeros ejemplares. El lunes se empezará a enviar a los suscriptores y entrará ya en los canales habituales.

Como veréis el hilo conductor de este número, la fruta verde y fresca pretende tener un efecto limpiador ante los posibles excesos navideños.

Este es el índice del número:

01_Fruta de la pasión

Editorial

02_Pulpa

Por qué escribo / George Orwell

03_Hueso

El libro: su pasado y su futuro. Entrevista a Roger Chartier / Ivan Jablonka

La biblioteca en la nueva era / Robert Darnton

Fractura digital y alfabetización: nuevas cuestiones acerca del acceso / José Afonso Furtado

El último viaje del libro hacia las nuevas tecnologías / Antonio Gómez Rufo

Reflexiones sobre el sector del libro / Felipe Romero

Panorama de la edición independiente en Latinoamérica / Guido Indij

04_Macedonia

Mikel Alonso

05_Néctar

Bernard Pivot se va de vinos / Juan Ángel Juristo

Editar un cóctel molotov / Paula Izquierdo

06_Vaina

Estudio de comercio interior. Participación y asociacionismo / José María Barandiarán

La novedad: por qué Stieg Larsson vende y las revistas culturales no / Esteban Hernández

07_Rabillo

Libros y blogs

Para pedirla en formato papel y aquí, en breve, en formato digital.

La novedad prima en los catálogos de los editores independientes, por mucho que se defienda el fondo y la relación de las colecciones; el distribuidor, a su vez, prioriza la salida de las novedades editoriales -azuzado por el editor ahogado por la falta de liquidez- sobre la reposición del fondo o la atención al pedido concreto de un cliente. Éste, a su vez, deja de prestar atención al escaparate de "su librería" que lleva más de una semana sin modificar sus reclamos. Las industrias culturales "obedecen a la misma ley frenética de lo nuevo y lo perecedero". Y el éxito de las operaciones editoriales se valora en función de la satisfacción del "consu-lector", es decir, "midiendo la calidad del producto con el rasero de la cantidad de libros vendidos" (El nuevo paradigma del sector del libro; pag. 48)

Todos los negocios, sean del sector que sean, deben ser recreados y rediseñados en profundidad cada poco tiempo. Y es que rediseñar un negocio no deja de ser el recrear sus ventajas competitivas, sobre todo cuando se intuye que, o bien se han hecho muy frágiles, o bien se han volatilizado en los últimos años....si hacemos las cosas como siempre no podremos esperar resultados diferentes. O quizás sí: el cambio lo liderarán otros, al margen nuestro, nos dejarán fuera. (El nuevo paradigma del sector del libro; pag. 40)

En las últimas semanas han aparecido en el suplemento Babelia del diario El País dos comentarios de Manuel Rodríguez Rivero a propósito de la situación del Gremio de Editores de Madrid (GEM) y las próximas elecciones a la Presidencia de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). En sendos atículos, Feliz no cumpleaños y Volando con mi vampira, Rodríguez Rivero subraya la situación manifiestamente penosa en que el gremio se encuentra, y no le falta razón: si en el primer artículo llegaba a hablar de "tensión" para referirse al GEM, así como de "absurda tradición" para referirse a la bipolaridad y alternancia Madrid-Barcelona en la Presidencia de la FGEE, en el segundo artículo es más directo, y llega a afirmar sin dobleces la necesidad de un "proceso de profunda reestruccturación funcional y estatutaria" en ambas instituciones.

A estas alturas del año y de la crisis del sector, la situación de impás en el Gremio y en la Federación es doblemente preocupante:
-Por un lado, hacia afuera, están los retos que tiene planteados el sector: no sólo la contracción del mercado, la edición electrónica y la revolución de la propiedad intelectual, como señala Rodríguez Rivero, sino también los cambios en los hábitos de consumo (lo que condiciona no sólo qué libros compra la gente, sino dónde los compra); el surgimiento de nuevos mercados, de tipo long tail y nicho, frente al mercado de masas (lo que obliga a los editores y libreros a rediseñar sus estrategias); la concentración de la distribución (lo que será determinante para muchos editores) y la redefinición del mapa de librerías (con la entrada de nuevos actores con alta capacidad de adaptación a los nuevos mercados). Nuestra tesis es que no sólo asistimos a una crisis (la económica-financiera-inmobiliaria que afecta inevitablemente al libro), sino ante un verdadero cambio de paradigma en el sector editorial.

-Por otro la crisis de liderazgo, por falta de personas, ideas y proyectos en la dirección de las instituciones gremiales, lo que está generando una preocupante incertidumbre entre los editores. Parece evidente que hay que ir a una reestructuración decidida del gremio. Los hábitos, usos, costumbres y estatutos deben ser reformados en profundidad para adecuarlos a los tiempos, ya que presentan marcados rasgos casi preconstitucionales: La alternancia Madrid-Barcelona en la presidencia de la Federación; que la presidencia recaiga en alguien de uno de los "grandes grupos" o un mariachi apoyado por éstos; que haya candidatura única o de consenso, etc…
La reflexión a realizar es muy sencilla: hace falta modernizar la estructura, adecuar los estatutos, profesionalizar la organización y desarrollar unos mecanismos electorales muy abiertos, donde prime que se puedan presentar editores que tengan "ideas", "discurso" y "programa". Como ejemplo, y salvando las distancias, en la Comisión de Pequeños Editores de Madrid hemos elegido hace unos meses una nueva dirección con dos candidaturas diferentes y con sendos programas -a modo de hojas de ruta- distintos. Para ello hubo que desempolvar, por primera vez desde su fundación, una urna para votar libremente, un voto por empresa representada.

Leíamos hace unos días en un blog que para la presidencia del IDPF -International Digital Publishing Forum- se presentaron doce candidaturas diferentes. Esto sí que es biblio-diversidad. En la situación actual, los editores no tienen una idea clara de hacia dónde quieren encaminar sus pasos (porque faltan programas); no saben cómo hacer frente a la crisis (porque no hay reflexión ni ideas); ni si quiera son capaces de trabajar en equipo o llegar a acuerdos (por falta, entre otras cosas, de liderazgo). La dirección de las instituciones gremiales necesitan, por tanto, una urgente enmienda a la totalidad.
La dirección del Gremio de Editores debería ser una máquina bien engrasada de liderar iniciativas culturales (no sólo empresariales) y discursos coherentes, con impacto en la sociedad; y no un mero bulto sospechoso, o un nido de fenicios. Los editores independientes deben pedir a los Reyes Magos que no les traigan carbón -ni siquiera una caseta de 4 metros para la Feria del Libro de Madrid-, sino una dirección como Dios manda. En esto el tamaño no importa, (grandes o pequeños) lo importante son las ideas: las empresas y los colectivos las dirigen personas y las transformas las personas, no las razones sociales. Se hace necesario pues, un giro personalista tanto en el GEM como en la FGEE.
Por otro lado, los problemas de cocina tanto en el GEM como en la FGEE habrán de solucionarse de manera diligente, si queremos que el sector reaccione con lucidez a los retos a los que se enfrenta, problemas reales que desde hace meses se vienen sorteando con quiebros y malabarismos cargados de demagogia. No se hallan soluciones ignorando los problemas.

Manuel Gil & Fco. Javier Jiménez
Paradigma-Libro

blogdimension.JPG

Leer.

…el terreno donde la escritura se juega el pellejo es cada vez menos la escritura y cada vez más la empresa, la economía, la competencia. Como se dice en geología, hay deslizamiento de tierras. Escritura, sí, pero ¡debe sorprender! Algunos editores ya no se esconden y no dudan en proclamar, en un lenguaje de director de deportes aunque no desprovisto de habilidad, que su éxito lo han obtenido porque eligieron publicar obras seleccionadas teniendo en cuenta lo que, según sus observaciones, la clientela (dudan en decir “el lector”) estaba esperando….No representemos el papel del puritano; no estamos considerando que la economía de una editorial no tenga su importancia, son necesarias lucidez y prudencia tanto como determinación. No, lo que resulta interesante señalar es que, al contrario de lo que muestran las apariencias y a la confianza que se da a este gran acompañamiento de adjetivos sobre los textos de cubierta, en las argumentaciones, en la publicidad o en las entrevistas, la escritura es cada vez menos el criterio principal de la elección editorial. (Hubert Nyssen; La sabiduría del editor; pag. 35)