La novedad prima en los catálogos de los editores independientes, por mucho que se defienda el fondo y la relación de las colecciones; el distribuidor, a su vez, prioriza la salida de las novedades editoriales -azuzado por el editor ahogado por la falta de liquidez- sobre la reposición del fondo o la atención al pedido concreto de un cliente. Éste, a su vez, deja de prestar atención al escaparate de "su librería" que lleva más de una semana sin modificar sus reclamos. Las industrias culturales "obedecen a la misma ley frenética de lo nuevo y lo perecedero". Y el éxito de las operaciones editoriales se valora en función de la satisfacción del "consu-lector", es decir, "midiendo la calidad del producto con el rasero de la cantidad de libros vendidos" (El nuevo paradigma del sector del libro; pag. 48)

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